“La ley concursal debe cambiar para que los trabajadores puedan asumir empresas”


Entrevista a Ruperto Iglesias, presidente de ASATA
LA NUEVA ESPAÑA / JOSÉ LUIS SALINAS

Ruperto Iglesias es el presidente de la Agrupación de Sociedades Asturianas de Trabajo Asociado y Economía Social (ASATA), que promulga un cambio radical de la forma de entender los negocios. De lo individual a lo colectivo. En su seno hay cooperativas, sociedades laborales, empresas autogestionadas por los trabajadores... Un sector incipiente, con cada vez más representación y que busca hacer bueno el lema de que la unión hace la fuerza. En las siguientes líneas Iglesias reflexiona sobre el futuro y el estado actual de estas compañías y sobre cómo pueden aprovecharse de los fondos europeos que están a un paso de llegar.

–¿Hay vida para las cooperativas y empresas de economía social tras esta pandemia?

–Estamos trabajando con la idea de que después de esta pandemia hay vida y estamos reivindicando la idea de que exista un plan de fomento de promoción y difusión de la economía social que esté adaptado a lo que esta crisis sanitaria ha puesto de manifiesto: que las personas están en la primera línea, como sufridores y como respuesta a los problemas. De alguna manera eso encaja perfectamente con nuestro planteamiento y forma de ver la economía. Las personas que estamos en la economía social queremos ser el eje sobre el que se pivote toda la actividad, también la social.

–Sea más concreto, ¿en qué están trabajando?

–Trabajamos en tres líneas. En la necesidad de poner en marcha un plan para el sector, que consistiría en hacer algunas adaptaciones normativas. Algunas urgentes, como la de explorar la posibilidad de usar el fondo que tienen las cooperativas para educación y promoción para cubrir los efectos provocados por la pandemia. Son cuestiones que para tener un mínimo de seguridad jurídica tenían que modificarse en la ley asturiana. Es un tema de urgencia y parece que ya está redactado y preparado para aprobarse en la Cámara regional. Todo esto nos lleva a que nuestra legislación en materia de cooperativas habrá que replanteársela y adaptarla a la realidad social de hoy. La ley tiene diez años y la sociedad en este tiempo ha cambiado y de forma muy rápida.

–Ustedes tienen mucha experiencia con los fondos europeos.

–También queremos desarrollar programas cofinanciados por la Unión Europea, como el plan operativo de economía social e inserción social. Tenemos solicitados ya unos cuantos programas con un importe subvencionable de 750.000 euros y con un gasto global cercano al millón. Son proyectos para el apoyo a las empresas y para integrar a personas con especiales dificultades en la economía social. Uno de los que hemos planteado es la digitalización de nuestras empresas, la pandemia ha sacado a la luz esas deficiencias. Si queremos que exista una alternativa económica en el medio rural hay que poner los medios, y uno de los medios absolutamente necesarios es esa ventana al mundo. Gracias a estos proyectos buscamos también pagarles los gastos de constitución a los emprendedores sociales. ¿Es mucho o es poco? El Principado, por ejemplo, no lo hace.

–¿Y a los fondos del “Next Generation” tienen previsto acudir?

–Hemos tenido contactos para que la economía social no se quede al margen de ese hipotético maná. Y al Principado le hemos planteado ya todo este paquete de medidas y de proyectos. Esta es una reflexión muy personal, pero creo que ese dinero puede acabar en tres sitios: cubriendo subsidios, que no debería; fortaleciendo al más grande y al más rico, o ayudando a un cambio de modelo económico, que es lo que debería ser. Esa sería nuestra apuesta. También hay que ser conscientes de que históricamente la mayor parte de los fondos europeos en este país no se gastan.

–¿Cómo es su experiencia?

–Nuestra experiencia con el plan operativo de economía social que viene del fondo social europeo es que si nos han dado diez nos hemos gastado once.

–¿Cómo les está afectando a las cooperativas y empresas de trabajo social la crisis?

–En la anterior crisis la respuesta del sector fue de pérdida de empleo y de empresas en un porcentaje inferior al del resto. Desde entonces, se había recuperado el empleo, pero, paradójicamente, ahora hay menos empresas. Probablemente, los emprendedores hayan optado por otras fórmulas, pero creemos que el emprendimiento ha disminuido en general. La constitución de nuevas sociedades ha caído. En Asturias tenemos un agravante, porque las medidas de promoción que tenemos aquí son insuficientes comparadas con comunidades que tienen una población similar a la nuestra.

–Ustedes están muy ligados al campo asturiano, ¿también ha caído la actividad ahí?

–Puede haber empresas que hayan pasado mejor esta situación, pero poquitas compañías de economía social pueden decir que de esta pandemia se han visto beneficiadas. Por ponerle un ejemplo, en el sector del transporte, donde las cooperativas son importantes, lo han llevado mejor que la hostelería, claro que sí, pero la pandemia no ha supuesto para ellos un beneficio añadido. Lo más a lo que han podido a aspirar es a mantener la situación que tenían.

–Y de cara al futuro, ¿qué espera?

–Estamos en un momento de incertidumbre, de cansancio, pero también de esperanza. Todos tenemos que ser conscientes de que esto se tiene que acabar. Dentro de nuestro sector habrá algunas empresas que han sufrido más la crisis, como las ligadas a la hostelería y al comercio, que pueden tener dificultades. Pero habrá el efecto que ya hubo en la anterior crisis, y es que como nuestro objetivo es mantener el empleo lo vamos a hacer a base de flexibilizar nuestras relaciones laborales. Mayoritariamente el sector va a mantener el empleo porque las situaciones de dificultad tienen que ser también de oportunidad. Se abrirán oportunidades que hay que aprovechar.

–¿Hay que lanzarse a emprender entonces?

–Ha habido un cambio de cultura. Hemos entrado en una dinámica social de fomentar un exceso de individualismo que ayuda poco a la búsqueda de soluciones en colectivo. De alguna manera se nos ha orientado a una especie de búscate la vida y ese tipo de filosofía ayuda poco a un tipo de empresa como la que nosotros podemos estar planteado.

–En la crisis de 2008 se dio un fenómeno curioso, hubo muchos trabajadores que se agruparon para salvar a empresas en crisis, ¿puede volver a ocurrir?

–Prevemos que 2021 va a ser duro, porque hemos estado con medidas como los ICO que son una especie de patada a seguir, y estamos planteando las fórmulas de economía social para que las empresas en las que pueda haber un cansancio del empresario puedan seguir su actividad gracias a que los trabajadores pasen a tener una participación en la empresa. Para eso hace falta modificar la ley concursal, porque hace muy difícil esta transmisión y este tipo de traspaso de actividad.

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Ruperto Iglesias, presidente de ASATA. Foto Irma Collín